Un estudio basado en 403 sesiones de conversación identificó el temor a la exposición pública, la desinformación y la baja confianza institucional como factores que tensionan la participación juvenil en Colombia.

Opinar sobre política en redes sociales puede tener consecuencias que van más allá de una discusión. Una frase grabada, publicada o sacada de contexto puede viralizarse y exponer a quien la expresa a críticas y señalamientos. Este temor, conocido como «funazo digital», surgió entre las preocupaciones de jóvenes universitarios que participaron en un proceso de diálogo sobre democracia, participación ciudadana y futuro del país.
El hallazgo hace parte de Palabras Pendientes por la Participación Ciudadana, una iniciativa del Instituto de la Conversación, con el apoyo de Fundación SURA y Fundación Bolívar Davivienda, en alianza con CODHES, la Universidad de los Andes y la Universidad Iberoamericana. El proyecto desarrolló 403 sesiones de conversación con 434 participantes para explorar sus percepciones sobre democracia, representación política, educación, trabajo, salud mental, territorio y expectativas de futuro.

El temor a expresarse en entornos digitales
Durante los diálogos, plataformas como TikTok e Instagram aparecieron como espacios relevantes para informarse, compartir opiniones y participar en asuntos públicos. Sin embargo, los jóvenes también señalaron riesgos relacionados con la polarización, la desinformación y la exposición pública.
En ese contexto surge el denominado funazo digital: el miedo a que una opinión sea grabada, descontextualizada y difundida masivamente en internet, con posibles consecuencias para la reputación de quien la expresa.
Esta preocupación plantea un desafío para la participación ciudadana, pues el temor a las reacciones en redes sociales puede influir en la decisión de hablar, debatir o guardar silencio frente a temas políticos y sociales.

Baja confianza en las instituciones
Los resultados no indican que los jóvenes hayan perdido el interés por la realidad política del país. Por el contrario, casi la totalidad de las conversaciones abordó activamente asuntos políticos y públicos.
No obstante, ese interés convive con una marcada distancia frente a los canales tradicionales de representación. Según el análisis del proyecto, el 67,25 % de los participantes registró una confianza institucional críticamente baja, un resultado que evidencia las dificultades para fortalecer los vínculos entre la ciudadanía joven y las instituciones.
La combinación de interés por los asuntos públicos, desconfianza institucional y temor a la exposición digital plantea una pregunta central: ¿qué condiciones necesitan los jóvenes para expresar sus opiniones y participar sin sentir que hacerlo puede convertirse en un riesgo personal?

Escuchar a los jóvenes, más allá de las redes sociales
Los resultados de Palabras Pendientes por la Participación Ciudadana ponen de relieve que comprender la participación juvenil exige examinar no solo los espacios donde se producen las conversaciones, sino también las condiciones en las que los jóvenes se sienten escuchados, representados y seguros para expresar sus ideas.
En un entorno donde una opinión puede permanecer en internet y circular fuera de su contexto original, promover una conversación democrática también implica reconocer los efectos de la exposición pública, la polarización y la desinformación.
«Palabras Pendientes comenzó escuchando aquello que los jóvenes querían decir sobre la democracia, la participación y el país. El cierre no buscó dejar todas las respuestas resueltas, sino identificar cuáles son las conversaciones que, después de escucharnos, ya no deberíamos seguir dejando pendientes», señaló Ángela Suárez, directora ejecutiva del Instituto de la Conversación.
El reto, por tanto, no consiste únicamente en abrir nuevos espacios de participación, sino en construir entornos donde las opiniones puedan expresarse, debatirse y escucharse sin que el miedo a la exposición digital termine convirtiéndose en una barrera para la democracia.




