Un movimiento internacional cuestiona el modelo de producción de pollos de engorde y advierte sobre los efectos de la selección genética intensiva en el bienestar animal, mientras en Colombia el debate sigue siendo casi inexistente.

El rápido crecimiento de los pollos de engorde se ha convertido en el centro de un intenso debate internacional sobre bienestar animal, producción de alimentos y transparencia hacia los consumidores. Lo que comenzó como un movimiento impulsado por organizaciones defensoras de los animales en el Reino Unido ha ganado fuerza en Europa, Norteamérica y otros países, donde cada vez más expertos, académicos y ciudadanos cuestionan el modelo de producción avícola industrial.
En Colombia, aunque algunas organizaciones animalistas han denunciado las condiciones en las que son criados millones de pollos destinados al consumo humano, el tema ha tenido poca repercusión pública. Hasta ahora, los medios de comunicación, las autoridades sanitarias, ambientales, las entidades encargadas de la protección animal e incluso los organismos de control y justicia han mantenido un bajo perfil frente a esta discusión.
La polémica detrás del crecimiento acelerado
La industria avícola sostiene, con fundamento científico y normativo, que en la producción moderna de pollos no se utilizan hormonas de crecimiento ni esteroides, ya que su empleo está prohibido y, además, resulta ineficaz desde el punto de vista biológico y económico.
Sin embargo, especialistas en bienestar animal consideran que centrar el debate únicamente en la ausencia de hormonas desvía la atención del verdadero factor responsable del extraordinario crecimiento de estas aves: la selección genética intensiva, complementada con programas de alimentación altamente especializados y un estricto control de las condiciones ambientales.
Como resultado, un pollo de engorde puede alcanzar el peso comercial en apenas 35 a 42 días, cuando hace apenas siete décadas ese mismo proceso requería cerca de cuatro meses.
Décadas de mejoramiento genético
El impresionante crecimiento de los pollos modernos no es producto del azar.
Durante más de medio siglo, empresas especializadas en genética avícola han desarrollado programas de selección para obtener aves capaces de convertir alimento en carne de manera cada vez más eficiente.
Las características buscadas incluyen:
- Mayor desarrollo del músculo pectoral.
- Crecimiento acelerado.
- Conversión alimenticia más eficiente.
- Uniformidad en el peso.
- Menor tiempo hasta el sacrificio.
El resultado es un ave cuyo crecimiento es entre 300 % y 400 % más rápido que el de los pollos criados a mediados del siglo XX.

¿Es realmente un crecimiento “natural”?
Aquí surge uno de los principales puntos de controversia.
Aunque el crecimiento ocurre sin hormonas artificiales, expertos en bienestar animal consideran que describirlo como «natural» puede resultar técnicamente engañoso, debido a que depende de factores completamente controlados por el ser humano:
- Selección genética intensiva durante décadas.
- Dietas con alta concentración energética.
- Manejo sanitario permanente.
- Iluminación programada.
- Temperatura y humedad controladas.
- Ambientes diseñados para maximizar la producción.
Desde esta perspectiva, el desarrollo del ave responde a un modelo industrial altamente optimizado y no a un proceso evolutivo espontáneo.
Las consecuencias para el bienestar animal
Diversas investigaciones científicas han documentado que el rápido crecimiento también puede generar importantes problemas físicos en los animales.
Entre las alteraciones más frecuentes se encuentran:
Problemas óseos
Los músculos aumentan de tamaño más rápidamente que el desarrollo del sistema esquelético.
Esto puede ocasionar:
- deformidades en las patas;
- dificultades para caminar;
- luxaciones de cadera;
- fracturas;
- cojera.
En algunos casos, las aves tienen dificultades para sostener su propio peso durante los últimos días antes del sacrificio.
Trastornos cardiovasculares y respiratorios
El rápido aumento de masa corporal también incrementa la exigencia sobre el corazón y los pulmones.
Diversos estudios han identificado una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares y problemas respiratorios asociados al crecimiento acelerado.
Lesiones en la piel
En sistemas de alta densidad poblacional, los pollos permanecen largos periodos sobre camas húmedas mezcladas con excrementos.
Esto puede provocar:
- dermatitis plantar;
- quemaduras en pechuga;
- lesiones en las patas;
- infecciones cutáneas.
La posición de la industria
El sector avícola sostiene que el modelo actual permite producir proteína animal de alta calidad a bajo costo, con elevados estándares sanitarios y una importante eficiencia en el uso de alimento, agua y recursos naturales.
Asimismo, argumenta que la genética moderna ha contribuido a reducir el impacto ambiental por kilogramo de carne producido y que la mayoría de productores cumplen protocolos de bienestar animal establecidos por la legislación y por certificaciones internacionales.
Los representantes del sector también recuerdan que el uso de hormonas en pollos es un mito ampliamente desmentido por la comunidad científica y por las autoridades regulatorias.
Un debate que crece en el mundo
En Europa y el Reino Unido, organizaciones de protección animal han impulsado campañas para promover razas de crecimiento más lento, reducir la densidad en los galpones y mejorar las condiciones de vida de las aves.
Incluso algunas cadenas internacionales de supermercados y restaurantes han comenzado a adoptar compromisos voluntarios para adquirir pollos provenientes de sistemas con mayores estándares de bienestar animal.
El objetivo no es eliminar la producción avícola, sino buscar un equilibrio entre productividad, sostenibilidad y bienestar de los animales.
¿Y en Colombia?
En el país, el debate apenas comienza.
Aunque existen voces provenientes de organizaciones defensoras de los animales que piden revisar los sistemas de producción intensiva, el tema aún no ocupa un lugar relevante en la agenda pública.
Especialistas consideran que se requiere una discusión basada en evidencia científica, transparencia y acceso a la información, que permita a los consumidores comprender cómo se producen los alimentos que llegan diariamente a sus mesas.
Más allá de la controversia, el crecimiento de los pollos de engorde refleja uno de los mayores desafíos de la producción moderna de alimentos: satisfacer una demanda creciente de proteína animal sin descuidar el bienestar de los animales, la sostenibilidad ambiental y el derecho de los consumidores a recibir información clara y verificable sobre los sistemas de producción.
**Por Henry Barbosa



