Si esto es un hombre…

Por José Luis Martín Palacín**

En medio de este terrible panorama nos conviene pensar en el futuro inmediato de la Humanidad, si se deja guiar por la lógica de quienes nos traen la reflexión que al salir de Auschwitz atormentaba a Primo Levi: “si esto es un hombre”.

Me permito la osadía de tomar prestado para el título de este artículo el que el gran Primo Levi, víctima del holocausto, puso a su muy recomendable libro. Y lo hago con toda la intención, porque aquí casi nadie parece haber sabido entender precisamente la lección de dicho holocausto.

Cuando contemplo las imágenes que nos llegan, gracias a la ingente abnegación de los periodistas palestinos y los de Al Jazeera (muchos de los cuales están pagando con su vida la arriesgada profesionalidad que despliegan), porque Israel no ha dejado entrar en Gaza a los periodistas occidentales, la reflexión que me hago es la del título de Primo Levi. Porque la evidencia de esos casi 3.000 niños masacrados por los bombardeos indiscriminados, y los muchos que aparecen heridos en los hospitales, amén de un gran número de la población civil adulta, nos están señalando un terrible, brutal, y caprichosamente provocado drama humano de primer orden.

Además de toda la Historia que acarrea, además de los problemas políticos, además de la continuada ruptura de Israel con el instrumento de diálogo internacional que son las Naciones Unidas -y por encima de todo eso- Gaza es un problema humano de primer orden. Un lugar donde la Humanidad es pisoteada, degradada, humillada y maltratada, de la manera más arbitraria, y más despiadada, precisamente desde que los ejércitos rusos llegaron a poner punto final en Auschwitz. Tengáis la ideología política que tengáis, muy poca humanidad demostráis si no sois capaces de reconocerlo.

Es una muestra alarmante de hasta dónde los hombres son capaces de maltratar y hasta qué estado son capaces de llevar a los hombres: en este caso sus víctimas.

En estos días he tratado de imaginar que me pongo en el pellejo de los soldados israelíes que bombardean o lanzan los misiles de forma indiscriminada contra una población en la que la inmensa mayoría son ciudadanos civiles, como lo son sus esposas, sus hijos, sus padres o sus hermanos. Y me repito ese condicional: si esto es un hombre ¿dónde tiene las entrañas para provocar tanta desgracia, y para repetir sus acciones de forma reiterada? Si esos son hombres, dan ganas de darse de baja de la especie humana. Y ya veréis a partir de ahora, cuando entren en Gaza, hasta dónde van a ser capaces de llevar esa manera feroz y maldita de ser hombres, cuando cometan las mismas brutalidades, pero mirando a la cara directamente a sus víctimas.

No sería capaz de ponerme en los zapatos de Netanyahu, ni de sus ministros, ni de los jefes militares del ejército sionista. Pero hago el esfuerzo de intentar mirar con sus ojos la tortura masiva que están practicando contra todo un pueblo, del que la mitad tiene menos de catorce años, y aparece la reflexión acusadora de “si esto es un hombre”. En qué tipo de monstruos puede quedar convertida al menos una parte de la humanidad. Y en este caso esa parte de la humanidad cuyos antepasados sufrieron la tortura y el genocidio de los campos de concentración. Y me pregunto cómo han perdido la conciencia, cómo han falsificado la memoria, para llegar hasta este punto. Y me pregunto más: ¿qué pretenden con toda esta exhibición de crueldad despiadada? Porque no me creo que por un pedazo de tierra, por una posición de poder en una región del mundo, se pueda llegar a tanta degradación personal y humana.

Sí. También intento ponerme en el lugar de los combatientes de Hamas. E imagino la rabia que llevan acumulada por la represión de décadas, por el aplastamiento de su gente, por el acorralamiento de un pueblo entero al que se le impide vivir con dignidad y libertad. Y aunque no les falten motivos, no imagino que éstos puedan llevar a la crueldad de practicar unos actos terroristas, llevándose por delante a ciudadanos civiles de una manera brutal, indiscriminada y arbitraria. Y aunque no pueda establecer exactamente una simetría con lo expresado en párrafos anteriores, por lo que decía de la rabia acumulada, la rabia motivada, no deja de alcanzarme la reflexión dura y despectiva de “si esto es un hombre”. Porque no: tampoco eso puede acercarnos a la medida de lo que pensamos que debe ser el hombre.

Y sí: me atrevo a entrar en la Casa Blanca, y tratar de mirar todo esto desde esos ojos azules y enturbiados tal vez por la edad o por el poder, de Joe Biden, que es capaz de olvidar las decenas de miles de guerreros de su país que han vuelto en ataúdes, o mutilados física y psíquicamente, de guerras a la que la Historia no ha sabido darles sentido, o un propósito humano… Y surge de nuevo la reflexión de “si esto es un hombre”. Sobre todo, cuando le promete a Netanyahu “todo lo que necesite” para llevar a cabo su ignominia de destruir el concepto mismo de humanidad. Y cuando amenaza a los países colindantes, que apoyan al pueblo palestino, de que, si intervienen a favor de éste, que va a ser masacrado, entrará en esa guerra en ciernes con toda la fuerza del llamado “imperio”. Y sí: me pregunto dónde está el hombre.

Y me ocurre lo mismo cuando veo a la presidenta de la Comisión Europea y a la presidenta del Parlamento Europeo (¡que nos representan!) acudir a rendirle pleitesía y apoyo a ese Netanyahu que está ordenando la barbarie, y que está negando un mínimo de humanidad. Y también ante ellas aparece la reflexión dolorosa: “si esto es un hombre”. Y en este caso reflexión también avergonzada, porque en definitiva son algo más nuestro, o al menos lo eran. Y también cuando acuden Scholz, o Macron. Y cuando ves a Macron, cuyo afán de protagonismo le hace sumarse decididamente a la crueldad, proponiendo incluso una especie de coalición internacional, para exterminar a Hamás, como se hizo con el Isis, a sabiendas -porque no tiene un pelo de tonto- de que eso supone una masacre de civiles aprisionados entre las alambradas y el mar. Y claro que me pregunto “si esto es un hombre”.

Porque creo que estamos forzando voluntariamente la marcha, para colocarnos en una situación desesperada, con el objetivo subconsciente de ponernos en modo barbarie. Y acallando la voz de la conciencia, y hasta el sentido de la dignidad. Cuando Europa pretende incluso impedir que los ciudadanos que quieren seguir siendo hombres exhiban banderas de Palestina. Ojo, que entre ellos está la Federación Española (y no escarmentada) de fútbol; o los mandos de la Policía que ordenan a los agentes que anoten el DNI a los ciudadanos asistentes a una manifestación ante una embajada: sí, hace unos cuantos días en Madrid.

Y menos mal que, hablando de dignidad, aparece alguien como Antonio Guterres que, desde Naciones Unidas, si bien condena el terrorismo de Hamas, exige un alto el fuego y que acabe la masacre contra el pueblo palestino (la palabra masacre no es de Guterres, sino mía). Y en ese momento surge un rayo de esperanza, y me atrevo, en la reflexión, a cambiar el condicional por el afirmativo, y me aferro a decir: “Sí, esto es un hombre”.

Pero, por desgracia, surge de nuevo ese malestar, ese sabor a sangre, ese olor, mezcla de complicidad y de muerte, cuando frente a la descarada y despótica reacción de Netanyahu contra Antonio Guterres y contra Naciones Unidas, se escucha un estrepitoso silencio generalizado en torno a las pocas voces que salen a defender y a apoyar a Antonio Guterres, y a exigir un alto el fuego para que acabe la masacre: las voces de Pedro Sánchez, del canciller Solchz y del primer ministro portugués Antonio Costa. Y menos mal que otra única voz, la de Josep Borrell, rompe desde el principio un poco ese silencio en nombre del derecho internacional humanitario.

Creo que en medio de este terrible panorama nos conviene pensar en el futuro inmediato de la Humanidad, si se deja guiar por la lógica de quienes nos traen la reflexión que al salir de Auschwitz atormentaba a Primo Levi: “si esto es un hombre”.

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**El autor, JOSÉ LUIS MARTÍN PALACÍN, es analista político de MUNDIARIO, donde también desempeña funciones como adjunto al Editor y de coordinación de la edición GALICIA y de la sección Claves de China. Fue director general de Tráfico, subsecretario de Interior y secretario general de Comunicaciones del Gobierno de España. Ex-columnista de Xornal de Galicia, ahora forma parte de Galicia Debate, partner de este periódico. @mundiario

Fuente:  Mundiario