La caída histórica de los nacimientos y el rápido crecimiento de la población mayor anticipan un cambio profundo en el país: menos trabajadores activos, más demanda de cuidados y un sistema pensional bajo presión. Expertos advierten que el desafío no será solo fiscal, sino también familiar y social.

Colombia atraviesa una transformación demográfica silenciosa pero decisiva: dejó de ser un país joven. La reducción sostenida de los nacimientos y el aumento acelerado de la población mayor están reconfigurando el panorama social, económico y familiar del país.
Las cifras lo confirman. En 2024 se registraron 445.011 nacimientos, la cifra más baja de la última década y un 13,7 % menos que en 2023, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Al mismo tiempo, las personas mayores de 60 años ya suman 7,6 millones, equivalentes al 14,5 % de la población nacional.
El resultado es un cambio estructural: menos población en edad de trabajar y más ciudadanos que requerirán atención, cuidados y sistemas de protección social robustos.
Un fenómeno regional que se acelera

El envejecimiento poblacional no es exclusivo de Colombia. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta que para 2050 una de cada cuatro personas en la región será adulta mayor. Este cambio demográfico transformará el mercado laboral, los sistemas de pensiones y las dinámicas familiares.
En ese escenario surge una pregunta inevitable: ¿quién cuidará a la Colombia envejecida?
Para Massiel Dayana Castillo Triana, docente del programa de Trabajo Social de Areandina en Bogotá, el país aún no está preparado para responder.
“Colombia está envejeciendo más rápido de lo que se preparan sus instituciones. Si no actuamos ahora, los jóvenes no heredarán solo deudas, sino personas que requerirán mayores cuidados y atención”, advierte.
Un sistema pensional bajo presión

Las señales del desequilibrio generacional ya son visibles. La informalidad laboral alcanzó el 55,2 % entre junio y agosto de 2025, lo que significa que más de la mitad de los trabajadores no aporta al sistema pensional, según cifras del DANE.
Actualmente, Colpensiones paga 1,8 millones de mesadas, pero el balance demográfico empieza a tensionarse: cada vez hay menos cotizantes activos y más personas que dependen de una pensión.
La reforma pensional aprobada mediante la Ley 2381 de 2024, que buscaba modernizar el sistema a partir de julio de 2025, permanece en suspenso tras una decisión de la Corte Constitucional. Mientras tanto, el país sigue regido por la Ley 100 de 1993, diseñada para un contexto demográfico muy distinto al actual.
El verdadero vacío: el cuidado

Sin embargo, el mayor desafío no se limita a las finanzas públicas. El problema también está dentro de los hogares.
La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo revela que las mujeres asumen cerca del 70 % de las labores de cuidado, con jornadas de 7 horas y 44 minutos diarios de trabajo no remunerado, frente a 3 horas y 6 minutos de los hombres.
Con una población cada vez más envejecida, esa carga —invisible y no remunerada— aumentará.
“Hablar de envejecimiento no es referirse solo al futuro, es hablar del presente. Hoy millones de familias ya cuidan en silencio y sin apoyo del Estado”, señala Castillo.
Colombia, a diferencia de otros países, aún no cuenta con una política pública integral de cuidados, ni con un sistema formal que responda a la creciente demanda de atención a adultos mayores dependientes.
Un desafío que ya enfrentan otros países

Mientras el debate nacional se centra en la sostenibilidad fiscal, varios países han avanzado en modelos de atención al envejecimiento.
Japón y Alemania cuentan con seguros públicos de dependencia, que financian servicios de cuidado para adultos mayores. Uruguay, por su parte, implementó un Sistema Nacional de Cuidados, que articula servicios públicos y privados para apoyar a familias y cuidadores.
En Colombia, en cambio, la responsabilidad continúa recayendo casi exclusivamente en los hogares.
“El cuidado será uno de los grandes sectores laborales del futuro. Pero sin una política pública clara, el costo lo asumirán con su tiempo los jóvenes y, especialmente, las mujeres”, explica la docente de Areandina.
El impacto que enfrentarán los jóvenes

Las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que la población mayor de 80 años se triplicará entre 2020 y 2050, lo que implicará mayores necesidades de atención diaria, tecnologías de asistencia y personal especializado.
Sin preparación institucional, esa demanda podría traducirse en una sobrecarga familiar más que en oportunidades de empleo formal.
La generación joven, que hoy enfrenta empleos precarios e ingresos inestables, será la responsable de sostener tanto el sistema pensional como el cuidado directo de padres y abuelos.
El impacto puede ser triple:
Fiscal: mayor gasto en salud y subsidios con menos aportantes activos.
Familiar: interrupciones en estudios o empleo para asumir labores de cuidado.
Social: ampliación de brechas entre quienes puedan pagar asistencia y quienes no.
Un giro histórico
Durante décadas, Colombia se definió como un país joven. Hoy, esa narrativa empieza a cambiar.
El envejecimiento poblacional no solo transformará las finanzas públicas o los sistemas de pensiones. También redefinirá la organización de las familias, el mercado laboral y las políticas sociales.
En juego no está únicamente la vejez de los mayores actuales, sino el futuro de los jóvenes que deberán sostener una sociedad cada vez más envejecida.