Por María Fernanda Ortiz**
En TransMilenio o TransMi viajan diariamente alrededor de 4 millones de personas que van a sus lugares de trabajo, de estudio, a sus citas médicas, a sus sitios de diversión, a encuentros culturales, al estadio de fútbol y a conciertos que son cada vez más en Bogotá.
Es más que un sistema de transporte y crecen las razones por las que nos convencemos de que es un símbolo de la ciudad, es un referente en Latinoamérica y en el mundo, hemos hecho de los problemas oportunidades de mejora. Es un Sistema en el que no solo trabajan más de 35 mil personas, sino que conecta de punta a punta de la ciudad a todos sus habitantes.
La evasión de pago en TransMi nos duele a todos, especialmente a las familias de las personas que han sufrido accidentes graves en la maroma de colarse. Es un fenómeno en el que se ponen en riesgo los propios evasores con diferentes tipos de comportamientos imprudentes y los usuarios que van a bordo de los buses, completamente ajenos a la situación.
También genera mucha incomodidad e inconformismo en los usuarios que hacen un buen uso del Sistema y pagan su tiquete; les parece injusto y muy molesto que nuestros buses sean ocupados por personas que no se han ganado el derecho a un lugar, mientras ellos deben ir de pie o apretados. En conclusión, y sin haber mencionado el impacto financiero que tiene en el bolsillo de todos, es una prioridad reducir la evasión.
Como Distrito, a veces nos tildan de indolentes frente a este fenómeno, pero no lo somos. Es una tarea difícil por múltiples factores, principalmente porque no importan las barreras o los controles que pongamos; si no logramos un cambio consciente de comportamiento en los miles de usuarios que deciden evadir el pago al día, siempre encontrarán una oportunidad, una manera, una puerta o un espacio para colarse.
Hemos visto, por ejemplo, que cuando instalamos puertas automáticas en estaciones, torniquetes de piso a techo y controles con personal de vigilancia, policía y gestores, logramos reducir el número de evasores, pero una parte adopta comportamientos más osados (como la famosa fila en el borde de las puertas), prefiere trasladarse a otra estación más liviana o simplemente encuentra un momento de descuido para evadir el pago.
En 2024 logramos reducir la evasión del componente troncal en 2,18 puntos porcentuales, logrando incluso la meta del cuatrienio, y contratar la línea base de evasión zonal que nos permitirá entender mucho mejor lo que está pasando en nuestros buses.
En parte, este esfuerzo nos ayudó a incrementar el número de validaciones en un 2,7 por ciento en el Sistema en un año que tuvo grandes retos, como el cierre de 5 estaciones troncales por el avance de la Primera Línea del Metro.
En 2025 sabemos que debemos poner aún más ahínco en reducir la evasión porque la mayoría de los usuarios la rechaza, y en ese sentido, explorar nuevas estrategias de disuasión y control; seguir mejorando la infraestructura (para mitigar el efecto “ventanas rotas”); seguir apostándole a la cultura ciudadana, a la pedagogía y al contagio de los buenos comportamientos en TransMi.
Sin embargo, nuestros recursos son finitos y limitados y por eso sabemos que es una tarea de todos los días que tendrá resultados contundentes y sostenibles a mediano y largo plazo si hacemos un esfuerzo como ciudad.
Continuaremos esforzándonos para que en Bogotá se reconozca que TransMi es patrimonio público, y que se comprenda que evadir el pago del pasaje pone en peligro vidas y afecta financieramente el bolsillo de todos.
**María Fernanda Ortiz, gerente General de Transmilenio S.A.