La moral con olor a cloaca

Por Henry Barbosa

Qué asco. Sí, asco. Hay comentarios que no solo huelen mal: hediondos, densos, pegajosos. Uno los lee y pareciera que salieran directamente de una alcantarilla moral donde conviven el robo de cuello blanco, la compra de la justicia, el microtráfico de esquina, la pedofilia, los contratos amañados, la violencia contra la mujer y hasta los asesinatos extrajudiciales. Todo revuelto, como una sopa espesa de hipocresía.

Pero lo más fascinante —si uno mira la escena con el humor negro que exige el espectáculo— es la naturalidad con la que algunos defienden a delincuentes confesos. No los incomodan los robos, ni los escándalos, ni las investigaciones, ni las condenas. No. Lo verdaderamente imperdonable, para ellos, es que alguien se atreva a señalarlo.

Porque aquí hay un extraño síndrome nacional: la nostalgia del maltrato. Les quedó gustando. Aún suspiran por aquellos tiempos de Uribe, Santos y Duque en que los ponían a comer mierda —con disciplina, eso sí— mientras les explicaban que todo era por su propio bien. Y lo dicen con orgullo, casi con ternura, como quien recuerda la mano dura de un padrastro severo pero “necesario”.

Entonces evocan con devoción esa época gloriosa en la que el poder parecía reservado para los mismos de siempre, con apellidos de club social y contratos públicos que viajaban misteriosamente hacia bolsillos privados. Un país ordenado, dicen, donde todo funcionaba… siempre y cuando uno no mirara demasiado de cerca.

Y ahí están, en redes sociales, en las mesas de café o en las cadenas de WhatsApp, defendiendo ese viejo orden con la pasión de un hincha. Insultan, descalifican, exageran. Pero al final del día regresan a casa, besan a sus hijos en la frente y les desean —con toda sinceridad— un futuro mejor.

Un futuro mejor, claro.
Solo que en manos de los mismos indeseables a los que acaban de defender.

Ahí está el prodigio moral de nuestro tiempo: la gente que se indigna por el desastre… mientras lo abraza con entusiasmo.

henrybarbosa@outlook.com