Jóvenes vigilan el río Bogotá y aportan datos clave para su recuperación

Estudiantes de un colegio en la sabana de Bogotá recorren la cuenca, miden la calidad del agua y documentan el impacto humano y ambiental sobre uno de los ríos más importantes del país. Sus hallazgos alimentan una base de datos única y fortalecen la educación ambiental.

El río Bogotá, eje hídrico de la sabana y fuente de vida para más de 12 millones de personas, está siendo monitoreado por estudiantes bogotanos que combinan trabajo de campo, ciencia escolar y educación ambiental. Sus mediciones y análisis aportan información valiosa sobre el estado del afluente y evidencian cómo la formación académica puede incidir de manera directa en la protección de los ecosistemas.

A lo largo de sus 380 kilómetros, el río sostiene actividades agrícolas e industriales, regula el clima regional y estructura el ordenamiento territorial. Sin embargo, décadas de vertimientos domésticos e industriales, residuos sólidos y sustancias tóxicas han deteriorado su calidad, afectando la biodiversidad y a las comunidades que dependen de sus aguas.

En este contexto, la participación de los jóvenes resulta estratégica. Desde 2015, estudiantes del Colegio Hacienda Los Alcaparros desarrollan el proyecto Un viaje a través de la cuenca del río Bogotá, una iniciativa de aprendizaje activo que los lleva a recorrer el nacimiento, la cuenca media y la cuenca baja del río. En cada tramo miden parámetros fisicoquímicos del agua y del aire, visitan humedales, identifican focos de contaminación y analizan la relación entre actividad humana y deterioro ambiental.

“El aprendizaje basado en la experiencia despierta una conciencia ambiental real. Cuando los estudiantes investigan el territorio y formulan sus propias preguntas, comprenden el impacto de sus acciones sobre el entorno”, explica Hugo Cely, director del proyecto.

En diez años, 158 estudiantes han participado en este ejercicio de monitoreo comunitario, uno de los más completos liderados por una institución educativa en la región. Además de las mediciones científicas, los recorridos incluyen entrevistas a habitantes y sectores productivos, lo que ha permitido construir una base de datos única para evaluar la evolución del río en el tiempo.

Las salidas más recientes comenzaron en la laguna de Guacheneque, nacimiento del río, continuaron por Villapinzón —donde se analizó el impacto de las curtiembres— y siguieron por humedales clave de la cuenca media como La Conejera, Córdoba y Santa María del Lago. En enero, el proyecto retomará actividades con visitas a plantas de tratamiento de aguas residuales para conectar los datos del río con los procesos de depuración.

El trabajo demuestra que la recuperación del río Bogotá no depende solo de decisiones institucionales. Con conocimiento, datos y contacto directo con el territorio, la educación ambiental se consolida como un motor efectivo de transformación y corresponsabilidad ciudadana.