Itamar Ben-Gvir, el villano del año: el rostro extremo del poder en Israel

En el mundo que nos ha tocado vivir, cada cierto tiempo emergen personajes que encarnan lo peor de la condición humana. Individuos que, amparados por ideologías extremas y respaldados por poderosos intereses económicos y políticos, logran imponer agendas de odio, violencia y muerte. Son figuras que avergüenzan a la humanidad y dejan cicatrices profundas en la historia.

Por Henry Barbosa

Un artículo del escritor y columnista Jaime Jurado pone en el centro del debate a Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad de Israel, como uno de los personajes más siniestros de 2025. Su trayectoria, marcada por el supremacismo, la apología de la violencia y políticas abiertamente represivas contra el pueblo palestino, lo convierten en un símbolo de la deriva más oscura del poder contemporáneo.

En el mundo que nos ha tocado vivir, cada cierto tiempo emergen personajes que encarnan lo peor de la condición humana. Individuos que, amparados por ideologías extremas y respaldados por poderosos intereses económicos y políticos, logran imponer agendas de odio, violencia y muerte. Son figuras que avergüenzan a la humanidad y dejan cicatrices profundas en la historia.

En Colombia, para muchos analistas, Álvaro Uribe Vélez representa ese fenómeno: un personaje siniestro, tal vez producto de una sociedad traqueta atravesada por la violencia estructural y la impunidad. A su alrededor, otros actores —desde cargos públicos o desde las sombras— han amplificado ese daño con discursos y decisiones que han marcado negativamente la vida nacional.

En el plano internacional, nombres como Donald Trump y Benjamín Netanyahu aparecen recurrentemente en el debate crítico global. La devastación del pueblo palestino y el genocidio en Gaza los sitúan, para amplios sectores de la opinión mundial, en un lugar asegurado dentro de la historia universal de la infamia.

En ese contexto, el escritor y columnista Jaime Jurado propuso una lectura inversa de los balances de fin de año: no destacar a las figuras admiradas de 2025, sino a los “monstruos” o psicópatas del poder, aquellos que con sus actos se han convertido en ejemplos extremos de la maldad humana. Entre ellos, uno sobresale por su brutalidad y por el relativo silencio de los medios de comunicación de extrema derecha: Itamar Ben-Gvir.

Itamar Ben-Gvir

Ben-Gvir, actual ministro de Seguridad de Israel y figura clave del régimen que Jurado califica como genocida y supremacista, ha construido su carrera política sobre la exaltación del odio hacia los árabes. Mucho antes de llegar al gobierno, ya hacía pública su admiración por Baruch Goldstein, autor de la masacre de Hebrón —o de la Tumba de los Patriarcas— en 1994, donde fueron asesinados 29 palestinos y decenas resultaron heridos. Ben-Gvir no solo exhibía el retrato de Goldstein, sino que llegó a vestirse como él, en un gesto de apología explícita de la violencia racista.

Como líder del partido ultraderechista Otzmá Yehudit (Poder Judío), integrante de la coalición gobernante junto al Likud de Netanyahu, Ben-Gvir se ha consolidado como uno de los promotores más agresivos de la “mano dura” contra los palestinos. Su discurso y sus políticas se alinean con una ofensiva militar que, tras los hechos del 7 de octubre de 2023, ha alcanzado dimensiones catastróficas: más de 300.000 muertos, la mitad de ellos niños inocentes.

El columnista destaca al menos tres hechos que evidencian el odio visceral de Ben-Gvir hacia los palestinos y hacia quienes defienden su causa. El primero fue su “visita” intimidatoria a Marwan Barghouti, uno de los presos palestinos más emblemáticos, debilitado y enfermo tras años de prisión. Ben-Gvir acudió no para evaluar su estado de salud, sino para mostrarle imágenes de los bombardeos y la destrucción en Gaza, en un acto que Jurado describe como humillante y cruel.

El segundo episodio involucra a cerca de 400 activistas de la Flotilla Global Sumud, entre ellos las colombianas Luna Barreto y Manuela Bedoya, detenidos cuando intentaban llevar ayuda humanitaria a Gaza. Ben-Gvir se presentó de forma sorpresiva ante los activistas, no para garantizar sus derechos, sino para gritarles, acusarlos de “terroristas” y someterlos a un trato degradante mientras permanecían tendidos en el suelo.

El tercer hecho es legislativo y simbólico: Ben-Gvir es autor de un proyecto de ley que busca instaurar la pena de muerte para palestinos que atenten contra Israel. Durante su trámite en el Knéset, el ministro llegó a presentarse con una horca en la solapa de su saco, una imagen que sintetiza sus pretensiones punitivas y su concepción extrema de la justicia.

A esto se suman medidas carcelarias que rozan el sadismo: reducción de raciones de comida, limitación del tiempo de baño y de exposición al sol, celdas sin colchones ni cobijas. En uno de sus planteamientos más polémicos, Ben-Gvir incluso propuso la construcción de prisiones para palestinos rodeadas de cocodrilos, una idea que generó rechazo internacional y que refuerza la percepción de deshumanización sistemática.

Paradójicamente, y como una muestra siniestra del ideario de la extrema derecha, fue Donald Trump quien, en un gesto de profundo desprecio por la vida humana, ordenó la construcción y apertura del centro de detención migratoria Alligator Alcatraz. Una cárcel en el estado de Florida para migrantes latinoamericanos, ubicada deliberadamente en un clima malsano, aislado y rodeado de voraces cocodrilos.

Para Jaime Jurado, ante este panorama sobran los eufemismos. Lo que se evidencia es el funcionamiento de una maquinaria colonial y opresora que permite que individuos como Ben-Gvir encuentren el espacio ideal para el “libre desarrollo” de su crueldad. En ese marco, concluye el autor, no resulta exagerado que sea señalado como “el villano del año”, un título que resume la alarma moral que su figura despierta en buena parte del mundo.

henrybarbosa@outlook.com