Cartagena se despide de las calesas tiradas por caballos: llegan carruajes eléctricos y se abre un pulso social

Cartagena comenzó esta semana el reemplazo de los tradicionales coches de caballos por carruajes eléctricos en su centro histórico, una decisión que pone fin a décadas de controversia por el bienestar animal, pero que abre un nuevo conflicto con los propietarios de las calesas, quienes denuncian falta de compensación y califican la medida como una imposición.

La ciudad amurallada de Cartagena, uno de los destinos turísticos más emblemáticos de Colombia, inició este martes una transformación histórica en su movilidad turística: las icónicas calesas tiradas por caballos empezaron a ser sustituidas por carruajes eléctricos, tras años de presión de activistas que denunciaban el maltrato y las precarias condiciones de salud de los animales.

En una soleada plaza del centro histórico, rodeada de casonas coloniales, el alcalde Domek Turbay presentó la primera flota de 30 vehículos eléctricos descapotados, diseñados para conservar la estética de los carruajes tradicionales. Los nuevos automotores funcionan con baterías, cuentan con volante y prescinden por completo de riendas y yugos.

“Los tiempos cambian”, afirmó el mandatario distrital durante el acto oficial. “Hace muchos años que tanto locales como visitantes rechazan el maltrato animal que deriva del uso de caballos en coches turísticos”.

Cartagena, cuyo centro histórico es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, ha sido durante décadas sinónimo de paseos nocturnos en calesa por calles empedradas e iluminadas por faroles. Desde la década de 1940, el sonido de los cascos formó parte del paisaje urbano y de la experiencia turística de la ciudad.

Sin embargo, en los últimos años esa tradición fue objeto de un creciente cuestionamiento. Organizaciones defensoras de los animales insistieron en que los caballos no están preparados para soportar el tráfico moderno, el pavimento de cemento ni las altas temperaturas del Caribe.

“Los caballos son animales de carga, pero no para una ciudad con autos, motocicletas y bocinas”, explicó Fanny Pachón, activista local. “Sus articulaciones sufren por el cemento y el ruido constante les genera estrés. Además, en varias ocasiones se han desplomado por el calor”.

Según la Alcaldía, Cartagena se convierte así en el primer gran destino turístico del país en eliminar por completo las calesas tiradas por caballos y reemplazarlas por vehículos eléctricos. En las próximas semanas se incorporarán 62 carruajes adicionales, fabricados a medida en China, que circularán exclusivamente por el centro histórico.

El plan incluye la construcción de un almacén con una pequeña planta solar y una estación de carga para abastecer la nueva flota, como parte de una estrategia de turismo sostenible y reducción de emisiones.

No obstante, la decisión ha generado un fuerte rechazo entre los propietarios de las calesas tradicionales, quienes aseguran que su actividad ya estaba regulada y que se habían implementado medidas para proteger a los animales. Una normativa expedida en 2015 limitó los recorridos principalmente a horarios nocturnos y estableció inspecciones periódicas por parte de la agencia local de bienestar animal.

“Somos una de las actividades más reguladas de esta ciudad”, afirmó Jacqueline González, propietaria de dos calesas. “Cumplimos con controles y exigencias que otros sectores no tienen”.

El conflicto se agudizó tras un decreto firmado la semana pasada por el alcalde Turbay, que prohibió de manera definitiva el uso de calesas a partir del lunes y estableció que los nuevos carruajes eléctricos serán de propiedad municipal. De acuerdo con los gremios, al menos 26 propietarios se verán directamente afectados.

“Esto no es una transición, es una imposición”, sostuvo Yesid Soto, presidente de una asociación que agrupa a propietarios y conductores de coches de caballos. Según explicó, durante la temporada alta —especialmente en diciembre y enero— una calesa puede generar alrededor de 150 dólares diarios.

Los dueños de los carruajes exigen una compensación económica por la retirada de sus vehículos y han advertido que podrían iniciar una huelga de hambre si no se alcanza un acuerdo. Aseguran que el negocio fue construido durante décadas por familias de clase trabajadora y que el decreto los deja sin sustento.

Por su parte, el gobierno distrital afirma que busca vincular a los conductores y propietarios al nuevo modelo. La Alcaldía ha ofrecido empleo a los cocheros como conductores de los vehículos eléctricos, aunque aún no ha detallado cómo se integrará a los dueños en la gestión o administración de la flota.

El alcalde Turbay, en declaraciones posteriores, acusó a algunos propietarios de “sabotear” las negociaciones y reiteró que la prioridad del Distrito es el bienestar animal y la modernización del turismo.

Mientras los nuevos carruajes eléctricos comienzan a recorrer las calles de la ciudad amurallada, Cartagena enfrenta el desafío de equilibrar la protección de los animales, la sostenibilidad y la justicia social para quienes, durante décadas, vivieron de una de sus tradiciones más emblemáticas.