El colegio de Usme, en Bogotá, en donde la conciencia es 100% verde

Los estudiantes de la institución educativa Brazuelos cuidan con esmero a sus vecinos, el parque ecológico Cantarrana y la Cuenca Media del Río Tunjuelo.

Por Andrés Moncada**

Desde que la clase de la profesora Flor Jiménez empieza, todos sus estudiantes, niñas y niños de grado séptimo del colegio Brazuelos, centran toda su atención en ella, pues es esta dulce maestra de ciencias naturales la que se ha encargado de mostrarles con hechos la importancia de cuidar el ambiente.

“Todos debemos poner un granito de arena para proteger este planeta que hoy más que nunca lo necesita, y nosotros somos privilegiados porque estamos rodeados de pulmones verdes, que en Bogotá cada vez son más escasos. Entonces, si no nos apropiamos de estos espacios ¿quién más puede hacerlo?”, comenta la docente Flor mientras sale del colegio con su grupo de estudiantes para dirigirse al ‘Piojo’, un pequeño lugar ubicado justo detrás de esta institución educativa, y que hace parte de la Cuenca Media del Río Tunjuelo.

La actividad del día de hoy, según explica la profesora, consiste en observar las características presentes en la fauna y flora de este río, y solo basta atravesar un pequeño puente para dejar a un lado el cemento, y caminar por los senderos verdes del Parque Ecológico Cantarrana, uno de los puntos verdes más importantes de la localidad de Usme que acoge a este río.

“Se llama Cantarrana porque aquí solían haber muchas ranitas que cantaban todo el día y toda la noche, de esa época sólo queda el recuerdo”, cuenta con un dejo de nostalgia la profesora Flor que camina junto a estudiantes hasta llegar a la orilla de la cuenca media del río Tunjuelo.

“Ahora vamos a tomar una muestra de agua para medir el grado de acidez del río”, explica la maestra y rápidamente sus estudiantes toman las muestras e introducen un pequeño papel celofán para medir la acidez. El resultado: nivel 8 de contaminación, es decir, 0% potable.

Frente al resultado, Naudi Claros de 12 años suspira y reflexiona en voz alta: “Al paso que vamos ni nuestros hijos van a conocer el agua”. La profesora Flor escucha aquella reflexión y sonríe como cuando una madre se siente orgullosa de su hijo.

―Exacto, ¿y entonces qué debemos hacer nosotros? ―pregunta la profesora a Naudi y sus compañeros de clase.

―Protegerlo ―responden los chicos y Flor nuevamente sonríe.

Para ella, la actitud de sus “chiquitos”, como los llama de cariño, es el resultado de ‘Explorando la Cuenca Media del Río Tunjuelo’, un proyecto que desde hace más de diez años se ha encargado de que los estudiantes de este colegio de Usme se conviertan en verdaderos guardianes del planeta tierra.

Comprometidos con el planeta tierra 

Lograr que los estudiantes del colegio Brazuelos se apropien de las zonas verdes que los rodean para desde allí incentivar en ellos el cuidado del medio ambiente, es el objetivo de este proyecto, que hace parte del Proyecto Ambiental Escolar PRAE, uno de los principales ejes en los que esta comunidad educativa centra sus esfuerzos.

“Dada nuestra cercanía con el río y el parque Cantarrana no podíamos desconocer la riqueza de este lugar, y por eso decidimos que nuestro énfasis escolar fuera el medio ambiente. Desde entonces no solo nos hemos convertido en guardianes del río sino también de todo lo que signifique vida, reciclaje y cuidado del medio ambiente”, comenta la profesora Flor.

Es por este motivo que en el colegio Brazuelos todo se recicla, empezando por las bolsitas del refrigerio que sagradamente se limpian y se recogen para que las personas encargadas se las lleven y continúen con el proceso de reciclaje.

“Hemos llegado a recolectar 140 toneladas de plástico porque las bolsas que no se recogen llegan al mar y allí las tortugas bebés se enredan con ellas y mueren asfixiadas. Eso es terrible por eso aquí nunca vas a ver un plástico en el piso”, dice con orgullo Jorge Alexander Rodríguez de 12 años.

A la par de estas jornadas de reciclaje, esta comunidad educativa también ha realizado actividades para el adecuado cuidado de las mascotas, ahorro del agua y campañas de preservación de la flora y fauna del sector.

“Para nosotros es muy importante que los niños entiendan que debemos cuidar la parte del río que pasa por nuestro colegio. Hacerlos entender que ese cauce llega al río Bogotá para luego llegar al Magdalena y finalmente desembocar en nuestro mar Caribe, es una forma de sensibilizarlos y de hacerlos entender que el cuidado del medio ambiente es un problema de todos los seres humanos, y todos debemos colaborar – comenta la profesora Flor con su amplia sonrisa -. ¿Te imaginas, por ejemplo, si todos en cada uno de los colegios distritales nos diéramos a la tarea de recoger las bolsas plásticas de los refrigerios?, sería algo mágico”.

Tras analizar el agua y comprobar su nivel de contaminación, los niños y la profesora Flor regresan al salón de clase con una pequeña muestra que examinan en el microscopio, actividad que le sirve a la docente para ahondar sobre las propiedades de agua.

“Es que eso es lo más lindo de este ejercicio, que a los niños jamás se les olvida esta experiencia, y eso aumenta las posibilidades de que sus acciones para cuidar el medio ambiente se mantengan para toda la vida”, dice la docente Flor mientras sus estudiantes se despiden afectuosamente de ella.

“Es que ella es lo máximo”, dice Jorge Alexander y se despide con un caluroso beso de su maestra.

Una profe con corazón de oro

Desde que la profesora Flor llegó al colegio Brazuelos su halo de luz contagió a todos, no solo por su gran amor por el medio ambiente, sino también por su forma de tratar a los demás.

“Ella es muy linda, y tiene la facilidad de que sin importar el tema que sea, todos le entendemos”, comenta Nicole Buitrago de grado séptimo.

Para esta licenciada en biología y química, el secreto para ganarse el cariño de sus estudiantes se centra en dos sencillas palabras: amor y respeto.

“Los chicos siempre sienten cuando tú respetas o no sus opiniones, y de eso depende que ellos te respeten o no, es que el hecho de ser profesor no te da automáticamente el respeto de ellos, debes ganártelo”, asegura esta maestra con más de 20 años de experiencia.

Si pudiera devolver el tiempo, Flor elegiría nuevamente ser maestra, pues para ella no existe una profesión que sea capaz de brindar tantas descargas de afecto y alegría.

“A mí me encanta ser docente y más del área en la estoy. Yo creo que los niños lo mantienen a uno joven toda la vida, con sus preguntas, sus dudas, su alegría. Definitivamente, es lo mejor que pude haber hecho”, concluye la maestra Flor, una convencida de que las pequeñas acciones generan grandes resultados, y más cuando se trata de cuidar al planeta. ¿Y tú, qué estás esperando?

**Andrés Moncada, Productor de contenidos digitales

Comunicador social y periodista con 8 años de experiencia en medios de comunicación. Posee conocimiento y práctica en comunicación digital y aplicación de estrategias en la Web. En los últimos años ha dedicado su trabajo a investigar, redactar y dar a conocer diferentes historias. @AndresMonk.

Fotos: Juan Pablo Duarte

Fuente: Compartir PALABRA MAESTRA

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