Este fue el discurso de Fernando Vallejo en Cúcuta

El escritor colombiano Fernando Vallejo abrió la Feria del libro de Cúcuta el pasado 4 de septiembre, y como siempre causó polémica, esta vez por su conferencia “El desastre de Colombia y el Planeta”.

Aquí el texto completo de su intervención:

“Paisanos:

Yo de la vida no espero sino atropellos y que me sea breve lo que me resta. No me la quito para no darles gusto a mis enemigos, mis “detractores”, como les dicen ahora. Que son dos. Dos opinadores: un huerfanito que no iba a volver a España; y un hippie viejo de Cali, un nadaísta, que me detesta. El huerfanito opina en El Espectador, y el nadaísta en El Tiempo. No les pagan. Escriben gratis para saciar sus odios. Y hacen mal. El odio consume calorías. Mejor no usarlo.

El nadaísta está convencido de que a él también le dieron el Premio Rómulo Gallegos. Pero no. Son sus sueños. Ni se lo dieron ni se lo darán porque Maduro lo acaba de suprimir porque no tienen plata porque se la robaron toda. Qué hombre tan vil es Maduro. Un tirano vulgar y asesino. Que el Señor en su bondad infinita nos lo mate con un dron para bien de Venezuela, aunque después venga la Mesa de la Unidad Democrática. ¿Y para qué tienen esos una mesa? Pues para el banquete presupuestal que se van a dar apenas tumben al tirano. Para eso instigan a los jóvenes a que salgan a la calle a hacerse matar a manos de la Guardia Nacional y los colectivos chavistas. Del centenar que han matado, ¿iba acaso alguno de ellos detrás de la presidencia, como va Capriles, el culicagado de la gorrita de beisbolista que chilla y chilla y gesticula? Ninguno. Se hicieron matar por amor a Venezuela. ¡Pobres muchachos! Hay que ser uno muy ingenuo para hacerse matar por una patria. Patrias hay muchas. Unas doscientas. Las patrias son equipos de fútbol. Vuelvo al Señor. De niño estudié con los salesianos, que no se lo quitaban de la boca. Que el Señor p’acá, que el Señor p’allá, que el Señor lo quiera, que el Señor no lo quiera. El Señor, el Señor, el Señor. “¡Pero cuál Señor!”, me preguntaba yo. “De qué Señor estarán hablando! ¿Será de don Arturo Morales?” Creía que el Señor era don Arturo Morales, el vecino nuestro de la Botica Amistad, que lindaba con mi casa. Noooo. Era Dios. ¡Y cómo querían esos curas pendejos que yo adivinara! ¡Si no era brujo!

En ese tiempo no había droguerías. Ni siquiera farmacias. ¡Boticas! ¿Y saben cómo les decían a los zapatos? Botines. Ahora son tenis. Los últimos zapatos buenos que hizo la humanidad son estos que traigo puestos, con los que me vine de México. Los cuido como a las niñas de mis ojos. Solo los uso en las grandes ocasiones como esta. Hoy los viejos andamos de tenis con lucecitas que prenden y apagan: rojas, verdes, amarillas. Nos vemos mal. ¡Pero qué quieren, si no hay zapatos! Ya la humanidad no sabe hacerlos. Ni nada. Les ponen a las braguetas cierres de cinco centímetros para economizar en cierre y se le enreda en ellos al usuario la manguera. A las camisas no les ponen bolsillos. Ni a los sacos, ni a los pantalones, y uno se tiene que meter la plata y la cédula en las medias. En los calzoncillos no caben porque los hacen minúsculos para ahorrar tela y que se vea el comprador muy sexy. Pero para qué queremos vernos sexys por dentro, si todos andamos vestidos por fuera. Usen calzoncillos grandes, cómodos, como yo, y el día que tengan función de gala, se los quitan. Y ahí sí se van a ver bien sexys.

 Y los pantalones entubados, ¿qué me dicen? Como en el Renacimiento. Como de Romeo y Julieta. Se mete un viejito artrítico en uno de esos, ¿y después cómo sale? Esto se jodió. La humanidad no tiene remedio.

A que no saben por qué llaman a Dios “el Señor”. ¡No sabe Francisco! Bergoglio es muy ignorante. Habla italiano porque nació de familia italiana, y porteño porque nació en el barrio de Flores. No es como su antecesor Benedicto, hoy papa emérito, que sabe latín. Habla en latín con el Espíritu Santo. ¡Mmmj! Un latín espurio, mezclado con palabras de hoy, neologístico. Para decir “internet”, por ejemplo, dicen “internetus”. ¡Y qué importa! Para eso son los idiomas, para que se entienda la gente. O están ahí por bonitos…

Bueno, les voy a explicar por qué los cristianos llaman a Dios “el Señor”. Porque en la Septuaginta, la traducción al griego de la Biblia hebrea (o sea nuestro Antiguo Testamento), que hicieron setenta traductores griegos en los siglos III y II antes de Cristo en Alejandría, a “Yavé”, el Dios de los judíos, lo tradujeron “kyrie”, que en griego quiere decir “señor”. Como en el “Kyrie eleison, Christe eleison”. ¿Y por qué lo tradujeron así? Ah, eso sí ya no sé, yo tampoco lo sé todo. Porque les daría la gana…

La Botica Amistad lindaba pues con nosotros y era a la vez farmacia y casa: la de don Arturo Morales, su mujer y sus hijos. Tenía don Arturo un sellito de caucho con el nombre de la botica, que usaba para sellar las fórmulas magistrales que despachaba: cianuro diluido en yodo para las lombrices de los tuntunientos, marihuana para el dolor artrítico, concentrado de siete potencias para los que no se daban abasto con su mujer… Pues bien, cuando el Liceo de la Universidad de Antioquia me dio mi diploma de bachiller (en una ceremonia preciosa en el Paraninfo, que no se me olvida), venía firmado y requetefirmado, sellado y requetesellado: con sellos y firmas de la presidencia de la República, del ministerio de Educación, de la gobernación de Antioquia, de la alcaldía de Medellín, de la rectoría de la Universidad. Saliendo de la ceremonia corrí a la Botica Amistad, todavía encorbatado, y le dije al dueño: “Don Arturo: saque el sello y me lo estampa aquí, al lado de estos, y me le firma encima”. Y dicho y hecho. Le puso el sello y firmó. Me quedó el diploma impresionante. Yo soy muy previsor. Orino siempre antes de salir. Me lo inculcó mi mamá de niño y todavía no se me quita el vicio. Los muertos siguen pesando sobre nosotros los vivos hasta que nos entierran. Por eso el evangelio dice “Que los muertos entierren a sus muertos”.

¡Cómo cambian las cosas! A los enemigos hoy les dicen “detractores”, a los demagogos “populistas”, a la herencia “legado”, a los antepasados “ancestros”, a los sermones “homilías”, a los maremotos “tsunamis”, a los fanáticos “fundamentalistas”, a los militares de alta graduación “altos mandos”, a los funcionarios de alto robo “altos cargos”, a los guardaespaldas “escoltas”, a los policías “efectivos”, a los preguntones “entrevistadores”, a los hablamierda “analistas”, a los protestantes “evangélicos”, a las putas “prepagos” y a los maricas “gays”. Acabaron con el idioma, me lo putearon. Y me están acabando con Colombia.

Todo lo tumban, todo lo dañan, todo lo acaban. Y no me gasto estos zapatos nuevos porque “El que no tiene viejo no tiene nuevo”, como decía mi mamá. Muy buena mujer. Entre niños y niñas tuvo veinte y acabó “pirada”, como dicen los argentinos.

¡Lo alzados que andarán hoy estos pampeanos con su Maradona de papa! Papa tendrán, pero no santo, y nosotros tres: los dos que nos trae Bergoglio de regalo, canonizados al vapor, por el fast track de Santos, sin abogado del Diablo y sin haber hecho un solo milagro. Y la madre Laura, mi paisana de Antioquia, esta sí muy milagrosa. Con levadura hacía subir el pan; y a un obispo, con mentolín, le hizo subir el báculo. Así que ya saben. Cuando no les funcione el aminículo esencial se encomiendan a ella. Le rezan así: “Santa Madre María Laura de Jesús Montoya Upegui, haceme el milagrito que mi mujer está desesperada”. Cuentan hasta tres y listo. Quedan como obispo con báculo.

Bueno. Hasta aquí el primer discurso. Sigue el segundo, el largo. ¿Trajeron sándwich? Aaaaaah, ustedes no son como yo que orino siempre antes de salir.

Paisanos:

Un país en que el Estado renuncia a su obligación esencial de poner orden impidiendo que los unos atropellen a los otros, y que solo existe para atropellar él mismo a los ciudadanos con sus trabas y sus impuestos, no es viable. Este es el caso, entre muchos en el mundo, de Colombia, el país que nos cupo en suerte. Aquí no hay más leyes que las de las BACRIM y la del todos contra todos, la ley de la selva. ¿Y el Honorable Congreso de la República entonces para que está? Para robar. Quítenles entonces el “honorable” a esa partida de hijos de puta.

¿Y qué se puede esperar de la Corte Suprema de Justicia, si sus magistrados se venden? ¿Y de los fiscales anticorrupción, si extorsionan para archivar investigaciones que no existen? ¿Y de los empleados de la DIAN, si se roban la plata de los impuestos en sus mismas oficinas? ¿Y del presidente, si se deja sobornar por Odebrecht? Y que cuando una investigación internacional saca a la luz el soborno después de cuatro años, nos sale con que “Me acabo de enterar”. Y nos pide perdón. ¿Y si no había hecho nada malo, por qué pedía perdón? Ve a este… Está como Wojtyla, el papa polaco, que al final de su vida consagrada a hacer el mal, para seguirse haciendo ver, ya todo babeado y tembloroso, le dio por pedir perdón. Que perdón a los indios, que perdón a los negros, que perdón a los judíos, que perdón a las mujeres, que perdón a Galileo, que perdón a los esclavos… A los gays no les pidió perdón porque era homofóbico. ¡Ay, tan bonita la arracacha blanzuca con tiara! Se la iban a comer los gaycitos… Ahora en el pudridero de los papas a donde te chutó la Muerte te están comiendo los gusanos, alimaña. Pobres gusanos, se van a envenenar. Ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU protesto, porque yo soy protector de los animales. Los animales son personas como yo: individuos irrepetibles por más vueltas que dé el mundo. ¿O han visto ustedes dos perros iguales? Todos tienen distintos recuerdos, distintos terrores, distintos amores, distintos dolores, como nosotros. Además el hombre no tiene por qué tener derechos, esa es una alcahuetería de la Revolución Francesa. Solo deberes. Tres esenciales deberes, a saber: Uno, no reproducirse. Dos, no comerse a los animales. Y tres, no votar. ¿Trajeron cuaderno? ¡Qué iban a traer! Anótenlos en sus celulares. El cuchito que no tenga celular se los graba en la memoria. En la de arriba, en la de sus neuronas cerebrales. Los tres van con “no”, para facilitarles el aprendizaje.

Con que el Señor, con que Dios, con que el Creador del Universo, con que el que hizo a Adán, a Eva y a la serpiente. La serpiente tentó a Eva, Eva tentó a Adán, y de la tentación nacieron Caín y Abel. No bien creció Caín y le salieron pelos en la horqueta, y mató a Abel con el fémur de un asno. Y Dios desde arriba vio. Y lo permitió. Y no castigó al criminal. Lo dejó dejó ir impune. Y ahora quiere Uribe que le castiguen a los de las FARC. No, hombre Uribe, no te metás en enredos que te estás amargando la vida. Relajate, escampá, que ya nos lloviste ocho años. La impunidad, Uribe, la consagró Dios en el paraíso, junto con el instinto homicida del hombre. Se lo insufló con un soplo en su alma. Matar está en nosotros como en el pájaro hacer nido. Quítenle la impunidad y la coima al mundo y lo paralizan. Que siga entonces el Congreso de Colombia robando, que el robo no está reñido con el concepto de patria. Vuélvanles a poner el “honorable” a esta partida de hijos de puta.

Viendo Dios la chambonada que había hecho con la creación del hombre se dijo: “Voy a remediar esto”. Y mandó a su hijo Cristo a redimirnos. ¡Se lo colgaron los judíos de dos palos y le dieron a beber vinagre! ¿Y después de los dos mil años transcurridos desde esa redención dónde estamos? Aquí en Colombia. Con tres millones de exiliados, seis millones de desplazados, diez millones de subempleados, veinte millones de desempleados, y entre desplazados y subempleados y desempleados, vayan sumando para que tengan la cifra de la miseria en esta “potencia emergente”, como la llama el sobornado de Odebrecht.

Y el mundo igual: los polos derritiéndose, las especies extinguiéndose, el mar ahogándose en billones de toneladas de plástico, la atmósfera asfixiándose en el hollín… Las calles atestadas, las carreteras atestadas, los aeropuertos atestados… Y gente y gente y gente, y no encuentra uno un plomero.

La política, que ha degradado desde siempre al hombre, hoy degrada también a la mujer. Le quitó la escoba y la puso a aspirar. Aspira a servir. ¿A quién? A nosotros. ¿Y cómo? Cómo no sé, pero sí desde donde: desde la presidencia. ¿Y en calidad de qué desea servir desde la presidencia? Pues de presidenta, ¡ve a este bobo!

Alebrestadas por el libertinaje democrático que hoy reina, les dio por creerse superiores al hombre. Y no, ellas solo son tetrápodas: con un par de miembros inferiores y otro par de miembros superiores, no tienen más. Por lo tanto no son superiores al hombre. Todavía que tuvieran cinco miembros… A una se le acaba de ocurrir la siguiente fórmula mágica: ella de presidenta y Uribe de vicepresidente. ¡Bobita! Uribe no va a despilfarrar en vos su patrimonio electoral, que le costó sudor y sangre. Además él ya tiene a sus Ivanes. Dos. Dos Ivanes. Los que se fueron al Perú por el otro cheque de Odebrecht: millón y medio de dólares. A Santos solo le tocó uno, sin el medio. Se lo gastó en afiches. Empapeló al país con su simiesca efigie. Por lo menos tuvo el buen gusto de no amenazar con el puño a lo Gaitán o a lo Galán. ¡Par de güevones! Amenanzando con el puño y los mataron. Cuando yo vaya a amenazar saco una metralleta. Y arma sacada, arma usada.

Los cachorritos Galán ya crecieron, pero siguen pegados de la teta pública como nacieron, y no la sueltan. Como Simoncito Gaviria, que también y tampoco. Los cachorritos Galán son huérfanos. Simoncito no, tiene un papá que lo quiere y que desde el clóset, sinuosamente, maquiavélicamente, manzanillamente, lo promociona. Y ahí va Simoncito para la presidencia, propulsado por su papá como pedo en culo.

El cavernícola Ordóñez me demandó por insultos a la religión: le gané el pleito, le di sopa y seco, y de postre le zampé La puta de Babilonia, mi novela de las prepago. ¿Ya la leyeron? ¿Ya la compraron? ¡Y qué esperan! Saliendo de aquí corran a ver si la encuentran, porque se agota.

Oriundo de las cuevas de Altamira y de Lascaux donde nació de madre artista (una pintora de bisontes), también el cura Ordóñez aspira y quiere servir. Anda ahora en campaña rezándole a Colombia su rosario de oscuridades: “Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores…” Será madre de Cristo, güevón, porque Dios no tuvo madre. ¿No ves que Él es anterior a todo en su calidad de Creador del Universo? Si hubiera tenido madre, hombre Ordóñez, entonces tu santa María Virgen habría sido la Creadora del Universo.

Aclarado lo del avemaría, paso a explicarte, Ordóñez, el credo y el padrenuestro. Dice el credo: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y en Jesucristo su único Hijo”. ¿Único? ¿Dijo único? ¿Y entonces por qué el padrenuestro dice: “Padre nuestro que estás en los cielos”? “Nuestro” somos muchos, no uno solo. Yo también entonces soy hijo de Dios, Ordóñez, respetame. Y si me volvés a demandar por insultos a la religión, te vuelvo a dar a dar sopa y seco. Y esta vez por daños y perjuicios te embargo hasta la camándula.

Karol Wojtyla, más conocido por el alias de Juan Pablo II, polaco de nacimiento y de profesión alimaña, fue a 130 países (entre ellos vino a Colombia) a predicar contra el condón y la interrupción del embarazo, a azuzar la paridera. Vaca horra, quería que las demás vacas parieran. Durante los veintiséis años de su papado le subió a la población mundial dos mil doscientos millones: lo que se tardó la vida en producirlos desde la noche de los tiempos hasta 1930, en que llegó a esa cifra. Hoy vamos en siete mil cuatrocientos millones. Qué obsesión la que tenía este hombrecito blancuzco en que siguieran las hijas de Eva en la producción ininterrumpida de Caínes y Abeles. El gran desastre ecológico de hoy se debe en última instancia al crecimiento desmesurado de la población humana. Y ahora viene alias Francisco y lo canoniza. Y luego nos sale con que no nos reproduzcamos como conejos. En qué quedamos, Bergoglio. ¿En que sí, o en que no? Porque sí y no es imposible, eso es Santos, un engaño.

Pasado mañana llega a Colombia. Aterriza en Bogotá y se sigue para Villavicencio, a salvar la Amazonia, el pulmón del mundo, a enarbolar la bandera verde del ecologista que está de moda, para tapar el desastre demográfico que produjo su predecesor Wojtyla y la pederastia de sus curas y sus obispos. En estos días están juzgando en Australia al cardenal Pell, el tercero en la jerarquía vaticana después del papa y del secretario de Estado, por haber hecho suyo el precepto de Cristo “Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el reino de los cielos”. ¿Y de los viejitos no? ¿A mí no me toca reino de los cielos? Madres de Colombia: maten a sus niños rápido, que todavía están a tiempo, porque si los dejan crecer, se van a quedar los pobrecitos como yo, sin el reino de los cielos.

¡Qué malo es el niño! Les saca los ojos a la ranas y tiraniza a sus papás. Exigente y berrinchudo, el primer verbo que aprende es “querer”. Lo conjuga, desde que se levanta hasta que se acuesta, en la primera persona singular del presente de indicativo, en positivo o en negativo: “Yo quiero helado, yo no quiero sopa. Yo no quiero trencito, yo quiero un iPad”. Tengo un sobrino nieto al que la mamá y la abuela lo endiosaron. Nos lo entronizaron como rey de la creación. Tiene cinco años, y ya está convertido en un monstruico protagónico, en un presidente de Colombia. A fuerza tiene que ser el centro de todo. Se empelota para que vean cómo es. Levanta la pata y orina como un perro. Después hace: “Caggg”. Me invitan a comer, estamos sentados a la mesa, y aparece el reyecito: “Quitate di ai ──me dice──, que ese puesto es mío”. Según él, todo es de él. “No quiero oír más ese pájaro”, grita furioso. “Cállenlo”. No quiere a los animales, salió a sus papás. Como el protagonismo lo tiene esquelético (se le transparentan los huesos), le dan caldo de tortolita a las finas hierbas para que se le aumente “la masa muscular”. Tiene seis dedos en un pie y cuatro en el otro. Se llama Anibital.

¡Malditas sean las madres y las abuelas, y maldito Dios, que las hizo! Odio a Dios y a los dueños de hospitales. Dios está más desprestigiado que los partidos políticos. Como permitió las dos guerras mundiales… Como dejó llenar esto de gente… Como cuando uno le reza no oye… Como cuando uno le pide no da… Si da, uno agradece. Pero si no, no. Al que sí, sí. Al que no, no. Cuarto mandamiento: no recen. Saquen otra vez los celulares. Pero no me pidan mi e-mail, que no contesto. Y teléfono no tengo. Yo soy más bien telepático. El que me quiera contactar, me piensa.

Odio a los niños, a sus mamás, a sus abuelas y bisabuelas y tatarabuelas, sin que me importe que estén vivas o muertas porque lo que yo quiero y por lo que lucho y detrás de lo que voy es la interrupción de la cadena reproductiva. Por eso mi primer mandamiento: No traigan niños al mundo a sufrir, que de paso hacen sufrir al prójimo. “El infierno son los demás”, dijo Sartre. Lo dijo hace sesenta años, cuando éramos tres mil millones. ¿Qué diría si resucitara hoy que ya pasamos del doble? Diría: “Se nos calentó el infierno a más del doble”.

Más dañino que Atila, que Hitler, que Stalin, que Pol Pot (porque estos por lo menos quitaban y él ponía), en su paso por la vida el polaco Karol Wojtyla encarnó en los términos más absolutos el Mal: fue la máxima alimaña que logró parir la tierra en su vesania, la alimaña en estado puro, la que sin irle ni venirle ni sacar provecho alguno hace el mal porque para eso existe. Con Wojtyla la Historia se supera. Pasó a ser metafísica, ontología, la esencia vuelta existencia, teología. Ahora de santo le dicen san Juan Pablo Segundo. ¿Y dónde está san Juan Pablo Primero, a ver? Donde no hay primero no hay segundo. Canonicen también a Albino Luciani, alias Juan Pablo I, al que envenenó la Curia a los 33 días de su dicha con un hipotensor diluido en su sopita. Lo mandaron a cantar al cielo en el coro de los angelitos.

Oleadas de africanos hambreados y desesperados volcándose sobre Europa en barquitos que naufragan en el Mediterráneo y se ahogan por millares. Y los que logran llegar desembarcan en países ajenos, hostiles, que no los quieren porque sus habitantes, que parece que están bien, tampoco pueden con sus almas. Noche tras noche veo la escena en los noticieros de televisión y me pregunto: ¿a cuántos de estos desventurados ha acogido alias Francisco en el Vaticano? Y se me vienen al recuerdo las varias veces que alias Juan Pablo II fue al centro de África a predicar contra el condón, en plena epidemia del sida, en su epicentro, y la leyenda de una de esas vallas que le montaba la avanzada de sus secuaces vaticanos para recibirlo y prepararle el terreno para su prédica: “Bienvenidos al banquete de la vida”. ¿Banquete esto? ¿El hambre, la enfermedad, los decapitados en África Central a machete un banquete?

El único milagro de Wojtyla, por el que su sucesor Bergoglio lo canonizó, fue curar a una vieja del mal de Parkinson. ¡Del que él sufría y del que murió! ¡Qué hombre tan bueno! A la señora la salvó del dolor y la muerte, y él siguió vivo con su enfermedad sufriendo para poder ofrecerle su sufrimiento al Señor. Al final sufría en el Hospital Gemelli de Roma, el de los millonarios petroleros sauditas, ocupando un piso entero.

Bergoglio es igual de falso que Santos. Les toman photo finish y empatan. Homofóbico recalcitrante (y bien lo sabe Buenos Aires, de la que fue arzobispo), a unos periodistas que lo entrevistaban en su avión, invitados por él en uno de sus primeros viajes papales, cuando le preguntaron por los homosexuales les contestó: “¿Y quién soy yo para juzgarlos?”

Bergoglio no sabe latín. Es intonso y estulto. No tiene tonsura porque no tiene pelo, y donde no hay agua en torno no hay isla. Habla italiano porque nació de papás italianos. Lo aprendió en su casa pues, como aprende el burro en el campo a rebuznar. Además del italiano rebuzna en argentino. En inglés no. Sabe decir: “I am the pope”. No descendió sobre él el Espírtu Santo con sus lenguas de fuego. Provincial de los jesuitas como empezó, los traicionó cuando llegó. En vez de ponerse “papa Ignacio”, se puso “papa Francisco”, el santo de los franciscanos, la competencia, para hacerse el humilde. En la quinta votación del cónclave el Espíritu Santo lo hizo elegir para no perder a manos de los evangélicos el último reducto del catolicismo, Latinoamérica. Amén de teólogo amateur es alquimista: transmuta el pan Bimbo en cuerpo de Cristo.

La destrucción del planeta por el atropello del hombre, ecologista Bergoglio, tiene por última causa la expansión demográfica que azuzó Wojtyla, quien te hizo cardenal y a quien vos hiciste santo. A vos te nombró “Cardenal Presbítero de San Roberto Belarmino”, ¿que sabés quién fue? El que le entregó a Galileo a la Inquisición. Judas Santos irá al aeropuerto a recibirte y a escenificar la comedia “Los dos Judas”. Acto seguido Colombia la novelera, la futbolera, saldrá a las calles en multitudes a aclamarte, te llenará las explanadas de tus misas y te convertirá en un partido de fútbol.

Los judíos, los cristianos y los musulmanes, que en conjunto constituyen la mitad del género humano, no quieren a los animales. Los vejan, los torturan, los esclavizan, los matan, se los comen. Los matarifes judíos los matan en los mataderos kosher; los matarifes cristianos, en los mataderos cristianos; y los matarifes musulmanes, en los mataderos musulmanes. Sus tres religiones comparten como libro sagrado el Levítico, el tercero de la Biblia, el de los sacrificios de animales por los clérigos de la religión judía, los levitas, a Yavé, que “se excitaba con el olor de la carne asada”. ¡El creador del mundo arrecho por oler carne asada! El templo de Jerusalén era el gran matadero de Judea, el único, y en él los levitas habían montado el monopolio de la carne. Escrito en el siglo VI antes de nuestra era por estos carniceros durante el cautiverio del pueblo judío en Babilonia, he ahí, en el Levítico, el primer gran obstáculo para que haya podido surgir una moral en el mundo. Una, la única, sin que haya posibilidad de otra: la que considera como nuestro prójimo no solo al hombre sino también a los animales de sistema nervioso complejo por el que sienten el dolor como nosotros, empezando por los que el hombre domesticó. Lo demás son religiones y sectas, incienso y mirra. Medio milenio después de ese libro monstruoso surgió Cristo, el máximo engendro de la Maldad y la Mentira, forjado por la leyenda.

¿Cómo pueden tener ustedes, paisanos, como el más bueno de los hombres que haya habido y pueda haber, como el paradigma de lo humano, a uno que insultaba con nombres de animales como cualquier Fidel Castro? ¿Y que llamaba a los fariseos “serpientes, raza de víboras”, y que decía que “no hay que tirarles las perlas a los cerdos”, y que le mandaba decir con sus discípulos a Herodes Antipas: “Id y decidle a ese zorro que yo predico y hago milagros y que al tercer día resucito”?

Las serpientes, los zorros y los cerdos son mis hermanos y los amo. Me nace así. Y el que no quiera ver que no vea. Que no vea la sangre que corre a chorros en los mataderos. Que no vea a los pollos de la industria avícola encerrados en jaulas minúsculas destrozándose el cuerpo a picotazos por la deseperación. Que no vea a los cerdos de la industria porcina inmovilizados para que engorden, sin gastar calorías moviéndose. Y que se los siga comiendo para convertirlos en excremento. ¡Cómo pueden llamar “industrias” a la producción en masa de seres inocentes que sienten el dolor como nosotros, como si fueran cosas! ¿O es que nosotros somos cosas? Compañeros nuestros en el dolor de la vida y en el horror de la muerte, los animales son nuestros hermanos, nuestro prójimo. Todo el que sienta el dolor como nosotros es nuestro prójimo y no solo el hombre, como pretendió el loco dañino de Galilea, engendro de la leyenda, hermano de Luzbel. Ustedes nacieron en la infamia y en ella se van a morir porque además de que no ven no oyen: son paredes. La máxima mentira de la humanidad es el mito de Cristo. Yo lo he desmontado en La puta de Babilonia como nadie. Mi vida toda se agota en ese libro, para escribirlo nací.

Empecemos porque no hay un Cristo sino veinte, y todos legendarios, ninguno real, y todos inventados entre los años 100 y 300 y ninguno antes. De los veinte, tres están en el Nuevo Testamento: el Cristo del Evangelio de Juan, el Cristo de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, y el Cristo de las Epístolas de Pablo. Tres Cristos distintos que la puta de Babilonia (expresión del Apocalipsis, no mía), la gran ramera, la más grande del planeta, la Iglesia, refundió en uno, que es al que le rezan hoy católicos, protestantes y ortodoxos: dos mil y tantos millones. Antes del año 100 no hay cristianismo. El que diga que sí, que vaya sacando las pruebas. Y el que diga que Cristo existió, que vaya mostrándome su partida de nacimiento firmada por el rey Herodes y autenticada por Poncio Pilatos. Y el que diga que Dios existe, que con su pan se lo coma.

La Biblia entera, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, es una sarta de imbecilidades e inmoralidades. Dios, un monstruo. El cristianismo, un insulto a la inteligencia y a la moral. Su Historia, la de una empresa criminal. La Curia romana, una mafia. El papa, un estafador. Sus cardenales, unos travestis degenerados. Su cónclave, un Congreso de Colombia. Su Cristo, un hippie loco. Su redención, una patochada. La cruz, un par de palos. Sus oraciones, ya se las desmonté arriba y después dicen que yo me repito.

El Cristo que colgaron los judíos de una cruz no existió. No sigan calumniando a los judíos, que con Hitler tuvieron bastante. Déjenlos que sigan sueltos matando palestinos en la Tierra Prometida, la que les dio Yavé. Total, la verdadera Historia de este pueblo empieza con un genocida, Josué, y con un genocidio, el de los cananeos, los habitantes originarios de ese terregal. Antes no hubo estadía de los judíos en Egipto, ni cierre del mar Rojo para que pasaran, ni cuarenta años cruzando el desierto del Sinaí, que hoy lo cruza uno en un jeep en un par de horas. Carnívoros como los cristianos y los musulmanes, los judíos son matarifes, carniceros, cuchilleros, malos. También como los cristianos y los musulmanes degüellan a los corderos, el animal con que simbolizamos la inocencia y la bondad. Mientras siga habiendo judíos, cristianos y musulmanes en la tierra seguiremos en la infamia como hasta ahora, sin moral, aunque con un montón de religiones. No hay más moral posible que la que se construya sobre el amor a los animales. Pásense de mi lado, paisanos, que nacieron extraviados. Yo también, pero encontré el camino.

Se me olvidaba algo importante relacionado con la logística de la visita del papa a Colombia. Tras su encuentro con su homólogo Judas en el aeropuerto, papa Francisco seguirá para la Nunciatura, donde se va a alojar y donde va a almorzar. Le van a dar sobrebarriga y ajiaco colombianos, para que pruebe lo bueno. Ningún problema. Él es carnívoro. Él es como san Francisco de Asís, quien contra lo que se cree, también comía animales, menos los días de vigilia, como dejó estipulado en las regulaciones de su orden. ¡Bienaventurados, cerdos y pollos de Colombia, porque gracias a la bondad cristiana, y muy en especial a la católica, os van a convertir en mierda de papa!

Los muchachos que me dio la vida se envejecieron o se murieron. Los libros que escribí no valen nada. Pero la contraposición que les estoy haciendo de mi amor por los animales frente al ser monstruoso que ha perpetuado el desprecio del hombre por ellos y que llaman Cristo quedará. Hoy ya hay jóvenes que se enfrentan a la policía para impedir las corridas de toros. Y niños veganos, que ni siquiera comen mantequilla ni queso ni toman leche. Niños y jóvenes impensables cuando yo nací. Como cunde el mal cunde el bien. Estos niños y estos jóvenes me encienden la esperanza. La felicidad en este mundo de dolor se me hace impúdica. Pero a veces me llega, como la que he vivido ahora, en estos momentos pasados con ustedes. Que la vida les sea leve y que alcancen la paz del alma es lo que les deseo. Y mucha suerte.”

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